Austin Mini Mil, fue el auto que tuvo mi padre cuando joven, seguramente el de muchos jóvenes en los años 70, primero por tratarse de un concepto de auto compacto, motor pequeño, solo 1000 cc y principalmente una relación de velocidad incomparable.

Los británicos pusieron esta maravilla de porte pequeño en el mercado con una ingeniería que saltaba a la vista cuando entraban 5 adultos (y más) cómodamente en su interior, no solo eso, sino que además integraba la tracción delantera, convirtiéndose así en un ícono incluso para la época y siendo modelo de influencia para los demás fabricantes.

Luego de haber transcurrido el tiempo y la historia que la mayoría ya conoce, simplemente es un estatus que ostenta la marca cuando alguien reconoce un Mini antiguo, en el estado que esté, sino que también hoy y se maravilla con su estampa, con su tamaño y detalles simples y atrevidamente deportivos, pero únicos, es pues, la premisa que ha perdurado en los fierros del motor, de la carrocería, son la nueva cara y no solo estética, si no que mucho más aún, poder real de aceleración, relación de caja y frenado, todo sincronizado a la perfección, con elegancia, con estilo inglés, son hoy, los modernos Mini, John Cooper Works.

Con propiedad puedo decir que subirse a un Mini varias veces, no importa cuántas, si no que todas y tenerlas contadas, es placer puro, una sensación de pertenecer a su agilidad, a su comodidad y que va, si este auto deportivo al 100%, es un guante hecho a medida, literalmente. Si Mini fue concebido como concepto, el John Cooper Works, no deja esa idea aunque sus diseñadores se propusieran hacerlo, la configuración del habitáculo lo hacen demasiado interesante, es tan seguro tomar el volante, presionar el botón en la palanca de cambios de su caja automática de 6 velocidad y simplemente clicar hacia abajo o arriba para dar la orden de moverse, si marcas hacia abajo y pones en D, con toda certeza y teniendo espacio al frente, mucho espacio disponible, lo suficiente para darle al máximo de presión con el pie al acelerador y sacarle de adentro de los 2.0 centímetros cúbicos y con turbo que posee el bloque de aluminio, los 231 caballos de fuerza para correr inmediatamente tratando de alcanzar en tan solo 4,8 segundos, cronometrados, 100 km/h y acelerando aún más hasta llegar con casi emulando la fuerza G, a 160 kilómetros por hora, muy rápido, haciéndote recordar lo agradable que fue subirse a él y sentirlo e imaginarlo antes de hacerlo correr, de hacer que te entregue todo lo que te imaginas antes y mientras tanto lo sientes, lo vives, lo sigues corriendo y exigiendo y que emita el potente sonido y rugido real cada vez que finaliza en milésimas de segundos una marcha y pasa a la otra, sin sentir nada más que ese sonido explosivo que queda sonando con su estela de velocidad. 

Casi dos metros de anchura, con llantas de aleación muy livianas de 18 pulgadas, los hay en varios colores e incluso los que pueda uno elegir o combinar, porque de esto se trata tener un Mini John Cooper, hacerlo tuyo desde el inicio, personalizarlo en casi absolutamente todo, desde la carrocería, que aunque claro ya de serie es como si fuera hecho para uno, además de haber modernizado muchas líneas, cambiaron a más simple su emblema con letras clara y al centro de un círculo MINI, con alas lineales fuera de éste. Tablero central completamente interactivo y didáctico con el piloto, incluso tiene una consola ubicada delante del freno de manos y detrás de la palanca de la caja, con un joystick para navegar por la pantalla y al mismo tiempo visualizar controles de seguridad y control del vehículo en tiempo real en el tablero frente al conductor. Comandos al volantes, forrado en cuero, deportivo y no solo eso, sino que cuenta con dirección de asistencia eléctrica, detalles de seguridad con Isofix para sillas de niños (que también es divertido para ellos y junto a ellos conducir un Mini), sonido increíble, si corre bien, suena bien, controla además el consumo con el apagado y encendido automático en detención, control de dirección a las 4 ruedas, lo que te recuerda que puedes seguir acelerando en línea recta y lo mejor de todo, si quieres virar o frenar, lo hace al instante y todo ese cuerpo sólido y robusto construido y armado en completa armonía, se mantiene firme, sin torsión ni desgaste, como si tuviera vida y luego de detenerse, volver a empezar saliendo a toda velocidad, como al principio, como un rebelde con causa, con motivo para correr, con razones para demostrar su valía, con velocidad máxima de 246 kilómetros por hora y a los 220, sigue pidiendo llegar más allá un verdadero juguete y Real.

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